LA COSECHA
Un relato de horror folk
“Recuerdo cuando cumplí quince años y mis ojos sanaron. Como primogénito de la madre, a partir de aquel momento, se me permitía curar también los ojos de las hermanas y los hermanos menores. No hubo gran celebración. Tras la cena, iluminados solo por unos pocos cirios, la madre dijo unas palabras y me entregó un puñado de vendas. Mañana las utilizarás por primera vez en los demás y tú serás libre para guiar, ver y desver el mundo exterior, dijo. Tus ojos están sanos. El padre levantó la copa y todos exclamaron: ¡están sanos!”
Death trip. Paul Duane.
Así comienza mi relato La cosecha. Una pieza de horror weird originalmente publicada por la editorial Obscura en 2021 y que recibió muy buenas críticas en su momento. Es mi particular manera de acercarme al horror folk sin llegar a hacerlo y que ya había explorado en ocasiones anteriores en relatos como El pasatiempo —germen de lo que después sería mi novela La Polilla en la casa del humo— o Un puente (Presencia Humana #6. Aristas Martínez. 2017).
En todos ellos, lo exterior se manifiesta como escenario inalcanzable, que solo existe en el imaginario colectivo o personal de los personajes y que, sin embargo, representa una amenaza, un terror indefinible que, aún desde ese plano etéreo, condiciona el escenario físico y real de los protagonistas. En ese sentido, lo exterior y lo interior forman un único cuerpo. Lo exterior como creación de la mente y lo interior como consecuencia del conflicto y el horror a aquello que está ahí fuera. El no-yo se genera en la cosmovisión paranoica de un nosotros-yo. Esa confrontación urobórica convierte el mundo en un lugar no solo hostil, sino incomprensible y extraño. Tiene reglas que debemos seguir, pero que no entendemos ni cuestionamos. A partir de la aceptación de que el mundo exterior no puede ser aprehendido de ninguna manera, pues pertenece al imaginario del nosotros-yo, la deriva de los personajes se encuentra en una encrucijada en la que solo hay dos caminos posibles: la locura o la futilidad de la existencia. Y ambos caminos conducen a un estado de parálisis cósmica similar al que puso nombre David Peak en su ensayo The Spectacle of Void (Schism Press. 2014) y que se sostiene, básicamente, sobre dos supuestos: la confusión articulada y la lucidez inarticulada. Es decir: o bien no entendemos aquello que experimentamos pero somos capaces de explicarlo; o, por otra parte, existe una comprensión de la experiencia, pero no la capacidad de comunicarla. De una manera o de otra, los personajes de mis relatos viven en esa encrucijada, paralizados ante el horror de un mundo exterior incomprensible y un incómodo y extraño mundo propio.
Próximamente, publicaré en Ecos de Carcosa un artículo al respecto de la sinergia entre percepción de la realidad exterior y la parálisis cósmica. De momento, os dejo con el relato La Cosecha. Disponible para mecenas y subscriptores en mi página de Ko-fi.


